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    Aprenda a establecer límites

  • Los límites son fundamentales para el desarrollo de los niños. Será más sencillo que se disciplinen y sean responsables si logran entender lo que se espera o no de su comportamiento, y las consecuencias buenas y malas de sus actos.

    MSc. Dyalá Castro Cabezas. 
    Psicóloga clínica*.
     
    Dentro del desarrollo de un niño sano, es necesario guardar un espacio para enseñarle límites, desde su concepción y durante todo su desarrollo.

    La disciplina será el resultado de esos límites, así como la capacidad de comportarse de acuerdo a las normas sociales y responsabilizarse por las consecuencias de sus actos.

    ¿Qué son los límites?
    Los límites son todas aquellas pautas que permiten una adaptación positiva de los niños en los ámbitos sociales e individuales para consolidar paulatinamente el autocontrol (aceptar un no y manejar la frustración, por ejemplo).


  • Los límites son como esas “paredes” con las que toda persona limita en su vida cotidiana. Dan además, las pautas sobre las conductas y actitudes esperables ante las diferentes situaciones individuales y sociales.

    Con esta enseñanza se espera que los niños aprendan a compartir, a pedir lo que desean de forma adecuada, a manejar su enojo o frustración sin herirse o herir a otros y a tener orden para hacer las cosas.

    Manejar los límites es indispensable para la inteligencia emocional, el éxito social y el establecimiento de relaciones sociales sanas.

    Los retos de los límites
    Establecer límites demanda adaptarse a las necesidades y capacidades de cada niño, pero también requiere mucha constancia, paciencia y firmeza por parte de los adultos.


  • La disciplina y los límites son difíciles de enseñar y de ejercer, debido a que hay muchas conductas que los padres o los niños han visto como normales, pero no lo son, por lo que se deben regular.

    Se requiere entonces, hacer un alto y reconocer las conductas que no permiten el ejercicio de la disciplina positiva y, en su lugar, construir nuevas dinámicas con los hijos, que sí la fomenten.

    En primer lugar es básico que los adultos hablen claramente con los niños sobre lo que se espera de su comportamiento. Deben hacerlo constantemente, con paciencia y calma.

    Recuerde que a los niños se les debe tratar como niños; es el adulto quien debe ser flexible y adecuarse a la maduración y a las necesidades del niño, sin que esto implique dejarlos actuar a su voluntad o prescindir de la firmeza al poner reglas y exigir su cumplimiento. 

    La interiorización de conductas requiere mucho tiempo, ya que la formación de un ser humano es compleja y requiere montos


  • importantes de paciencia, tolerancia a la frustración, creatividad, afecto y visión sobre las consecuencias del método.

    ¿Cómo comenzar?
    La enseñanza de límites comienza desde la concepción del bebé y su nacimiento.

    Cuando el bebé nace, su principal forma de comunicación de necesidades es a través del llanto. Cuando los padres las satisfacen, el niño comprende que está en un medio seguro y no desarrolla la angustia que generan conductas problemáticas a largo plazo.

    En esta etapa los niños empiezan a conocer el mundo entusiastamente, esto lo hacen principalmente a través del juego, con lo que muchas veces generan inconvenientes a sus padres (ensucian, quiebran objetos, exploran todo).

    En los primeros años no comprenden el no, no miden las consecuencias de sus actos, no comprenden las necesidades ajenas.


  • Pero, muy a pesar de ello,  desde estas etapas debe iniciar la sistemática enseñanza de rutinas y hábitos que son las bases de los famosos límites.

    Aunque para muchos padres esto suene muy exigente, establecer hábitos a los niños, es importante entender que eso les genera seguridad. De esta forma, establecer un horario para despertar, una rutina para bañar y dormir al bebé, regular paulatinamente los tiempos de alimentación y aprendizaje (planificado atender sus necesidades), constituyen pasos sumamente necesarios.

    Eso sí, junto a cada rutina se debe incluir mucho afecto y comunicación para que el menor desarrolle afinidad por las tareas.

    Crecen ellos y las reglas también
    Conforme los pequeños aumentan su edad, también lo hace su desarrollo cognitivo y de lenguaje y, por ende, comprenden mejor lo que los adultos intentamos transmitirles.

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    De esta manera es necesario definirles aquellas conductas que son permitidas y las que no. Acá es donde cobrarán relevancia la constancia, la paciencia y la repetición.

    En esta etapa, el respeto por los horarios (especialmente el de dormir) así como la realización de hábitos de higiene y alimentación requieren implementación diaria sin excepción. Mientras se realizan las rutinas es bueno conversar con el menor sobre la importancia de realizarlas y a la vez mostrarle afecto y refuerzo positivo conforme las cumple.

    Un error común de los padres es negociar el afecto con los niños, lo cual debe no se debe hacer. Hay que tener claro que los niños son buenos y valiosos por el simple hecho de haber nacido, no requieren comportarse de determinadas maneras para ser amados.

     Nunca hay que decirles que si hacen o dejan de hacer algo se les va a querer más o menos.

    Finalmente, los padres tendrán el gran reto de ayudarles a sus hijos a


  •  controlar sus emociones. Hay que respetar las emociones de los niños, pero no se les debe permitir los excesos o las conductas que lesionen a otros o los lesionen a sí mismos cuando las expresan. De esta forma, se les puede explica que estar molestos o muy felices es válido, pero que no se les va a permitir tirar cosas y romperlas cuando manifiesten esa molestia o esa felicidad.

    *La autora es psicóloga clínica del Centro de Desarrollo Infantil y de Especialidades Psicológicas. Tel.:2221-8385.

    *Adaptación Revistas.co.cr. El artículo completo se encuentra en la edición impresa.

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